Detenidos - desaparecidos. Testimonios




Una selección de testimonios, declaraciones y textos posible para este trabajo es la que proponen Vera Carnovale y Alina Larramendy en su artículo “Enseñar la historia reciente en la escuela: problemas y aportes para su abordaje” (1)
Allí encontrarán una posible relación entre testimonios, contextos y conceptos. Les presentamos algunos fragmentos que proponen estas autoras. (2)



Fuentes:

“Los vecinos dejaron de mirarnos, dejaron de saludarnos, nos daban vuelta la cara. Y habían sido muy amigos los vecinos, pero después de ese día (se refiere al día de la desaparición de su hijo) pasaban y nos daban vuelta la cara. Decían que mi hijo era subversivo. Como todo el mundo decía que eran los subversivos los que estaban desaparecidos, que por eso los llevaron, los vecinos repetían que era subversivo. Pasado el tiempo, cuando se supieron las cosas como fueron y todo, parece que la gente reaccionó. Ahora vienen acá como si tal cosa los vecinos”. (Testimonio de Ana, madre de un joven desaparecido.)

“Al principio era peligroso acercarse a nosotras (se refiere a las madres de los desaparecidos). La gente tenía miedo de escucharnos. Si yo me paraba en la carnicería de mi barrio, en la verdulería o en el almacén y les contaba que a mi hijo lo habían secuestrado, que yo había averiguado que, en los regimientos, pasaba tal cosa, a los cinco minutos, no quedaba absolutamente nadie ahí escuchando, todos se escapaban y todos me miraban como algo peligroso. La gente no quería tampoco enterarse…” (Testimonio de Haydeé, madre de un joven desaparecido.)

“Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, en seguida a aquellos que permanecen indiferentes y finalmente, a los tímidos”. (Declaraciones de Ibérico Saint-Jean, 1977, ex general del Ejército y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.)

“Más allá de ciertas complicidades activas y entusiastas, es factible postular que una gran mayoría de argentinos transitó aquellos años entre el consenso tácito, la indiferencia y el miedo (…). Compañeros de trabajo o de estudio que “desaparecían”, vecinos que comentaban que a tal o cual “se lo llevaron”, autos sin patente que circulaban por las noches con armas a la vista de todos, amigos que se iban del país, rumores… Y los argentinos, ¿sabían o no sabían lo que estaba pasando? Es cierto que la prensa estaba censurada, pero también lo es que no tan esporádicamente aparecían noticias de extraños hallazgos de cadáveres flotando en la costa rioplatense o dinamitados en algún descampado. Es cierto que muchísimos secuestros eran realizados a la luz del día o en espacios públicos, pero también es cierto que era muy difícil creer que esas personas sencillamente “desaparecían” o, más aún, que los militares argentinos fueran capaces de torturar y matar. Y lo que es fundamentalmente cierto, en todo caso, es que si bien la represión estatal fue clandestina, era necesario para diseminar el miedo y el terror, que algo, por pequeño que fuera, se viera, se escuchara, se supiera. Algo, no todo. Una pequeña porción que funcionara como advertencia, tanto o más efectiva que aquella otra advertencia oficialista convertida en lema: NO TE METAS. Frente a esto, la mayor parte de la población “miró para el costado”: optó por el silencio o la negación, recluyéndose en ámbitos íntimos y privados, e intentando no preguntarse ni hablar demasiado de lo que estaba sucediendo. Una condición necesaria para esto es el autoconvencimiento de que “eso a mí no me va a pasar”, que lo que quiera que esté pasando “no es asunto mío”, que “no hay nada en mi conducta (como sí la hay en la de los otros) que me ponga en riesgo”. De ahí que, ante los cuestionamientos aislados que se filtraban en la prensa o en las conversaciones diarias, se sostuviera, si alguien desaparecía, que “por algo será”, que “algo habrá hecho” o que “en algo andaría”.

Memoria Abierta, 2010


(1) Del libro Ciencias Sociales en la escuela. Criterios y propuestas para la enseñanza, Isabelino Siede (coord.), Aique educación, 2010.
(2) Los testimonios fueron brindados al Archivo Oral de Memoria Abierta.











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